jueves, 30 de enero de 2014

Carlos Faz, pintor chileno.

  (1931 - 1953)

Viña del Mar 1984-1952.

El prólogo de la vida de Carlos Faz cuenta que nace el 23 de marzo de 1931 en Viña del Mar. Su madre muere luego de un parto complicado y su padre, al no poder cuidar a sus seis hijos, lo entrega al cuidado de su hermanda Maricota Faz, quien se transforma en su madre.

El quiebre entre su niñez y su adolescencia desata su vocación como artista plástico. Sus inicios están marcador por una fuerte influencia francesa, llevando su obra a seguir la línea de los post-impresionistas Georges Rouault, Henri Matisse y Joan Miró.
A los 18 años ingresa a los Talleres de Expresión Plástica de la Escuela de Bellas Artes, donde aprende sobre el uso del color y conoce a los artistas cubistas, quienes rápidamente se convierten en sus nuevos referentes. Durante este periodo la obra de Carlos Faz abandona la línea recta, desligándose de la figura geométrica y de la abstracción que caracterizan sus primeros trabajos, para explorar el cubismo.  

A partir de 1949 comienza a frecuentar círculos intelectuales en Santiago y en particular las tertulias organizadas por el periodista Santiago del Campo. En estos encuentros diarios Carlos Faz conoce y se hace amigo del escritor Jorge Edwards, del poeta Enrique Lihn y la artista plástica Carmen Silva, con quien mantiene una estrecha relación. 

Durante este periodo, su trabajo es influenciado por la pintura flamenca, iniciando un nuevo camino creativo. La conquista de las formas y la representación de escenas extraídas de la contemplación de la realidad cotidiana, se expresan en orquestas y multitudes que, transformadas en figuras literarias, se instalan en sus telas mezcladas aún con los últimos vestigios cubistas de su obra.

En 1952 Arturo Edwards, director del Instituto Chileno Norteamericano, organiza el montaje de una muestra individual de Carlos Faz. Esta exposición se convierte en un hito en su carrera, y lo da a conocer a un público más amplio.

Nueva York 1952.

En septiembre de 1952, Carlos Faz llega a Nueva York a estudiar cursos de grabado en la Universidad de Columbia gracias a la beca que le otorga la Fundación Henry L. and Grace Doherty.

Nueva York le parece una ciudad inspiradora, pero a la vez enajenante, catalogándola como la "anti-América". Luego de un par de meses en la Universidad de Columbia, abandona las clases e igresa al Atelier 17 de Williams Hayter. El taller, que funciona de manera autónoma, es organizado por sus fundadores y tiene una política de puertas abierta las veinticuatro horas. Estos atributos, sumados al intercambio entre jóvenes talentos, artistas consagrados y maestros de oficio del grabado, hacen del Atelier 17, el lugar ideal para la libertad creativa de Carlos Faz.

Durante los meses que siguen, Carlos Faz se sorprende y disfruta de los avances de su obra. Llegando a pintar una obra diaria, una nueva comprensión de la forma, la luz y composición revelan su capacidad creadora, así como el control sobre el dibujo y la exploración de formas estremecedoras.

Su reflexión estética no se limita sólo a las características técnicas de su trabajo, sino que hacen referencia a un compromiso ideológico que busca que su interpretación ética y política de la sociedad encuentre un lugar de expresión en su obra.

Su aprendizaje con el grabado en madera y la revelación que le da el conocimiento del arte egipcio y la pintura romántica, significan la constitución de un nuevo universo en el que sincretiza lo colectivo con lo individual y transforma radicalmente la estética de su obra hasta ese momento. En este nuevo camino se propone trasmitir el mundo cotidiano en su obra, convirtiendo a la pintura en un instrumento ideológico, para lo que explora formas y temáticas realistas y de contenido local que representen los problemas y aspiraciones del pueblo latinoamericano.

El trabajo artístico que realiza en Nueva York tiene un cierre que lo llena de alegría y que le permite proyectar su obra. En marzo de 1953 expone en la Sede de Unión Panamericana en Washington DC.

El éxito de esta exposición le permite conseguir una segunda beca de la Fundación Henry L. and Grace Doherty, esta vez a Europa.

México 1953.

La posibilidad de tener una experiencia vinculada con lo americano y asuntos prácticos, como el vencimiento de su visa y el alto costo de la vida en Nueva York, lo motivan a planear un viaje a México entre los meses de mayo y octubre de 1953.

El México trabaja principalmente en óleos, ducos y piroxilinas, además de conocer nuevas técnicas de serigrafía. En esta breve etapa, estéticamente agranda las extremidades de las figuras, rebaja el color y pone una nota trágica a su obra. La deformación plástica y las tintas oscuras con melancólicos acentos materializan su intención de expresar sus pasiones. Emerge un expresionismo dramático que, luego de la muerte, es catalogado como "premonitorio".

Los primeros días de septiembre se dirige a Veracruz, desde donde zarpa con destino a Barcelona el 19 de septiembre de 1953 en el barco Francisco Morosini. Luego de pasar por Houston el barco hace una escala en Nueva Orleans. El sábado 3 de octubre de 1953, y aparentemente como forma de eludir el control aduanero estadounidense, que no lo deja bajar a puerto por no contar con visa norteamericana vigente, Carlos Faz salta del barco al muelle. Desafortunadamente cae a aguas del río Mississipi y muere ahogado.

A fines de diciembre de 1954, luego de meses de trámites, llegan los restos de Carlos Faz al puerto de Valparaíso, los que son sepultados en el cementerio N°1 de dicha ciudad.

Se puede encontrar una pequeña reseña de Carlos Faz en el libro "Diccionario de Movimientos Literarios Chilenos", donde se le asocia y clasifica al movimiento del año 1950, junto al escritor Jorge Teillier, debido a las características pictóricas de su trabajo.

 «Maternidad», óleo sobre tela.
«El lector», óleo sobre madera.
«La juventud y vejez» (1950), óleo sobre tela.
 
«En la cama» (1952), óleo sobre tela.


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